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EL CAMINO SIN HUELLAS

Horacio R. Pérez

SHIN - DO

 

El camino del espíritu

  El Shin-Do es un camino de auto conocimiento, contemplativo y perceptivo, que mediante la práctica intensa del cuerpo, lleva a un templado interior. Junto con otras artes japonesas, comparte el equilibrio cuerpo, mente y espíritu. Como todas las artes marciales nacida para la guerra se fue convirtiendo en un camino hacia la sabiduría.

Todo practicante de Shin-Do debe buscar su interior; sentimiento, pensamiento y curación; su propia esencia.

Se genera así una energía poderosa, capaz de arrasar con toda dificultad propia del ser humano.

Este arte marcial conduce a un estado de profunda observación que tiene como meta la eliminación consciente e inconsciente de todos los automatismos, de toda dispersión, estados de exaltación y tensión, mental y física.

Nos libramos del miedo, la inseguridad, cuestiones estas que muchas veces nos limitan o arrastran a hechos perturbadores, para con nosotros mismos y con los demás. Estas posturas son las que nos hacen girar en soluciones conocidas que llamaremos “hábitos”, sin permitirnos intuir un disparador hacia otro plano del entendimiento, el cual sería el “momento creativo” que cada persona debe alcanzar.

 Es el camino que está por encima del logro ó la frustración, con un estado de concentración espontánea, logramos por ejemplo, neutralizar un ataque violento, sea este físico o verbal.

Conservando las formas de las formas, anulando así la vanidad por la certeza.

Habiendo presentado parte de mi filosofía, voy a tratar el Shin–Do en el contexto de las artes marciales tradicionales.

El instinto de agresión lleva a las personas a pelearse, la necesidad de protegerse da como resultado las artes de autodefensa. No sólo autodefensa marcial, dijo alguien que: la diplomacia es la continuación de la guerra, pero, el sentido fundamental de las artes marciales es prepararse para no pelear, y esto se logra con el alineamiento mente – espíritu, como deja impresa en su máxima el gran maestro de sable Tesshu Yamaoka: Si tu mente es correcta tus técnicas son correctas.” Y si esto es aprendido con rigor, antes de cualquier confrontación hay mil pasos creativos para no confrontarse. El Shin-Do, no propone algo distinto a otras artes marciales serias, es decir, el camino que persigue es realización, paz interior, control y dominio de uno mismo, tal vez su enfoque técnico sea diferente, el cómo alcanzar ése estado no es sinónimo de otras artes.

El espíritu o esencia del Shin–Do es hacer un guerrero sin guerra que pelear, sino, simplemente la suya, la del individuo con él mismo. Para eso deberá entrenar su cuerpo como si fuera a una guerra, deberá entrenar su espíritu como si fuera a morir.

Es a través del cuerpo que desarrollamos todos estos estados constitucionales y adquiridos, la natura nos provee la posición erecta y con nurtura aprendemos a caminar, pero es precisamente  el “cómo” aprendimos a caminar lo que nos da ese conocimiento, de cómo afilamos nuestro sable y su filo es como será el corte último y superior.

Nuestro entendimiento en el arte deberá ser siempre responsable y pensado (pensar en el sentido de volver sobre nuestros pasos) constante y riguroso, teniendo una voluntad tendencial hacia nuestro objetivo.

 

LA VANIDAD DE LA CERTIDUMBRE

 

Defino la certidumbre como vanidosa en el sentido de  que queremos poseer o tratar de ubicar todo en un estado de certeza por sobre las cosas que decimos, hacemos o creemos. Bajo esta concepción ubicaron a la certidumbre por sobre los caminos casuales, verbigracia:

“Un sistema cerrado está compuesto por unos pocos cuerpos ínter actuantes aislados de la contaminación externa. De acuerdo con la física clásica, tales sistemas son muy ordenados y previsibles. Un simple péndulo en un vacío, libre de la fricción  y de la resistencia del aire, conserva su energía. El péndulo oscila por toda la eternidad. No está sometido a la disipación causada por la entropía, que se introduce en dentelladas en los sistemas obligándolos a ceder su energía al ámbito circundante.

Los científicos clásicos estaban convencidos de que el azar y el caos que perturbaban ciertos sistemas – como un péndulo en el vacío o los planetas que giran en nuestro sistema solar – sólo podían provenir de contingencias aleatorias exteriores. Al margen de éstas, el péndulo y los planetas deben continuar para siempre su invariable trayectoria.

Poincaré destruyó esta cómoda imagen de la naturaleza.

(...) En un sistema que sólo contenga dos cuerpos, tales como el Sol y la Tierra o la Tierra y la Luna, las ecuaciones de Newton se pueden resolver con exactitud: la órbita de la Luna alrededor de la Tierra se puede determinar con precisión. En cualquier sistema idealizado de dos cuerpos las órbitas son estables. Así, si olvidamos los efectos de arrastre de las mareas en el movimiento lunar, podemos dar por sentado que la Luna continuará girando alrededor de la Tierra hasta el fin de los tiempos. El problema consiste – y éste es el problema de Poincaré – en que al dar el simple paso de pasar de dos a tres cuerpos (por ejemplo, al tratar de incluir los efectos del Sol en el sistema Tierra – Luna) las ecuaciones de Newton se vuelven insolubles. Por razones matemáticas formales, la ecuación de tres cuerpos no se puede deducir con exactitud; requiere una serie de aproximaciones para “cerrar”el problema.”

 

Hasta aquí vimos de forma mínima o somera como se comportan los estados o teorías de la certidumbre. Ahora veremos como se comportan los estados o teorías de la incertidumbre o el caos.

 

Estas teorías de muy reciente desarrollo, tratan de los procesos que realizan los sistemas cuando están muy cerca del equilibrio; es decir cuando los flujos ya no son proporcionales a sus causas: las simetrías o diferencias. La pérdida de proporcionalidad conduce generalmente a que se produzca un cambio en la estructura del sistema. Tornándose más compleja de manera que pueda ser estable a pesar de los grandes o pequeños desequilibrios internos o externos.

La transformación desde una estructura estable a otra más compleja, también estable, se llama “evolución”, y el proceso que va de una a otra es una “transición”. La creatividad es el comienzo de la transición o, si se quiere, el punto final de la vieja estructura.

La creatividad comienza con una inestabilidad. Una pequeña o gran perturbación en las condiciones externas o internas en un punto que a causa de los desequilibrios no puede compensarse, y por lo tanto se amplifica, se extiende sobre todo el sistema y finalmente determina su nueva estructura. Como se trata de una perturbación azarosa, la estructura que se forme no es predecible. Por eso es común referirse a estos fenómenos como de “creación de orden a partir del caos”.

Por supuesto no siempre un sistema puede  salir airoso de una crisis auto organizándose de manera más compleja.   

En esta instancia veremos como se relaciona esta última teoría con este arte marcial: Shin – Do.

 

“El singular prestigio que se le ha dado a la certeza, la inteligencia y la razón, ante las propiedades creativas, como también la del pensar como propósito para, entre otras cosas resolver el momentum o el ciclo segundo que confiere muestra existencia.

El propósito razonable y no racional de Shin – Do es precisamente el de recuperar en nosotros eso que está apagado o dormido darle al momentum la solución incierta, pero no cualquiera, sino la que éste necesita”.

 

Ciclo segundo refiere, a que estamos viviendo el mismo momento que cuando se creó el mundo, eso es el caos. Porque la distinción es para atrás o para adelante y no quiere decir más o menos, sino el mismo momento de la creación del mundo. Eso quiere decir que anulamos el determinismo.

¿Se anula el tiempo? La mayoría de las religiones tiene la idea de que Dios está hecho, es uno, yo adhiero a la idea que Dios se está haciendo. Por eso cada cosa que pasa es la misma, igual, porque todo se está haciendo.

La calidad que le damos a los momentos son distintos, sin embargo, el momentum es el mismo, infinito, no se encuentra con otro.

Nosotros somos observadores de nosotros mismos, pero somos nosotros mismos.

Soy el mismo momento del Big – Bang, soy el caos ese segundo y no hubo distancia de tiempo, el Big – Bang se reproduce, una y otra vez. Caos, caos, caos y ese momento.

  (48 páginas, Tamaño: 12 cm por 18 cm)

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Última modificación: 15 de Abril de 2001